Cuando el colegio se convierte en una pesadilla: Orientaciones sobre el acoso escolar.

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El acoso escolar es una realidad de la que a diario tenemos noticias en los medios de comunicación. El detonante fue el caso de Jokin, un chico de 14 años que se quitó la vida el 21 de septiembre del año pasado, arrojándose desde la muralla de Hondarribia en Guipúzcoa. Había sufrido acoso durante meses por parte de sus compañeros de clase, de 4º de E.S.O.

 

Con frecuencia, los abusos suelen empezar con una baja intensidad. Son enfrentamientos  frecuentes en la mayoría de  los centros. Si el agresor detecta que el agredido carece de protección, aumentará la frecuencia de los actos violentos. Al mismo tiempo, el abusado tras soportar humillaciones e intimidaciones, se sentirá avergonzado y culpabilizado y por esto tiende a silenciar lo que le ocurre.

El agresor es incapaz de ponerse en el lugar del agredido, y a veces llega a pensar que merece lo que le está pasando porque le está provocando. El acosador no se identifica a sí mismo como tal, ya que considera que las agresiones son bromas, y suele sufrir problemas familiares y de autoestima, que los oculta bajo el papel de matón. La víctima suele estar sobreprotegida y manifiesta dificultades para relacionarse con los demás. También puede tratarse de un alumno diferente a los demás por algún motivo, o simplemente que está más centrado en los estudios que el resto de compañeros.

 

A veces, estos alumnos, que sufren cada día, ven a sus profesores y padres como cómplices de este silencio, porque consideran que no hacen nada por evitarlo. En los centros se enfrentan a una realidad difícil de abordar. Uno de los retos con el que se encuentra   la comunidad educativa, es que los alumnos hagan suyos los valores que intentan inculcarles. Una cosa es la teoría, por ejemplo saber que está mal pegar, y otra considerar que lo que hacen es acosar. Hacer conscientes a los estudiantes del problema existente, animarlos a implicarse para defender a los compañeros, y enseñarles la importancia de tratar a los demás con respeto, evitando recurrir a cualquier clase de burla o humillación, es fundamental para luchar contra el acoso escolar.

 

Un error frecuente en el que incurren los adultos cercanos a los chicos que están siendo víctimas del acoso, consiste en banalizar, restar importancia y negar la versión del menor acosado, haciéndoles que terminen pensando que la violencia es normal. Los padres suelen emitir algunos mensajes inadecuados ante esta situación de violencia: mostrar que esto siempre ha ocurrido así, que nosotros también lo padecimos; decirles a nuestros hijos que esto es bueno para ellos, que les hace más fuertes; señalarles que ante el acoso la solución está en que sean también ellos violentos ; o dejar que pase el tiempo.

Por otra parte, en alguno centros los profesores recurren a soluciones inoperantes, tales como aglutinar a los alumnos considerados como no problemáticos en un mismo aula. Y considero que no son respuestas adecuadas, porque las agresiones suelen ocurrir en lugares sin vigilancia, como el patio, la salida de clase, o los pasillos. Los alumnos acosados informan que no van solos al aseo, o que prefieren quedarse dentro de la biblioteca, cuando llega la hora del recreo.

 

Alumnos ayudantes para estudiantes desesperados.

 

¿Pero cómo llegar a estos chicos  para quienes su mayor referencia es el grupo de su misma edad? El instituto Pradolongo de Madrid ha dado con la clave, con la creación de lo que llaman los alumnos ayudantes, experiencia en la que llevan diez años trabajando.

El grupo de alumnos ayudantes, tres por clase, se encarga de detectar el acoso y mediar en los conflictos de sus compañeros. Hablan con los que insultan a otros, les hacen ver que está mal, les ayudan “a hacer las paces”, convencen al resto para que no den de lado al compañero que otros insultan, para que de esta forma no se sienta solo. La clave es intervenir en conflictos de baja intensidad para que no vayan a más, y para que los alumnos sepan cómo resolver situaciones en las aulas mediante el diálogo.

Las causas de este fenómeno son diversas. En parte, se debe a la incoherencia de la sociedad frente a la violencia que, mientras la condena, a la vez tolera actitudes agresivas. Además, los jóvenes están cada vez más expuestos  a influencias violentas. Los adultos somos responsables  de la búsqueda de alternativas para este problema, y numerosos proyectos demuestran que las soluciones son posibles con la implicación de padres, profesores y alumnos. No nos olvidemos de que, en la mayoría de los casos, hay un menor sufriendo cuando se acerca la hora de ir al colegio.