Optimista… ¿se nace o se hace?

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Aprender a pensar de forma positiva no sólo es posible, además es rentable, ya que ayuda a vencer  al inútil pesimismo y a desarrollar al máximo las posibilidades de vivir felices, con calidad  de vida y bienestar.

Es cierto que hay quien nace con una capacidad increíble de pensar de forma positiva, desde la infancia y sin prácticamente esfuerzo ven el lado positivo de las cosas ante el asombro de quienes le rodean. Pero también es cierto, que muchos aprenden a hacerlo con posterioridad, cansados ya de ver dificultades en situaciones cotidianas y de ese estado de ánimo apagado que acompaña al pesimismo.

optimismo

 El optimismo es un valor, una actitud ante la vida que nos ayuda a solucionar dificultades, descubriendo lo positivo en las personas y en las situaciones. Se trata de ver oportunidades donde otros sólo ven impedimentos.

 Ser optimista no implica negar los problemas, ni tampoco evadir responsabilidades. Los optimistas, antes de tomar una decisión, sopesan los aspectos favorables y desfavorables de las alternativas, mientras que los pesimistas se enfocan únicamente en los aspectos desfavorables.

En general, en nuestro entorno vemos como las personas más optimistas tienden a tener más éxito, tienen mejor humor, y son más perseverantes, porque no se derrumban ante cualquier imprevisto.

Relacionado con esto, los psicólogos hablamos de un proceso que llamamos “profecía de autocumplimiento”. Según esta idea, cuando pensamos que algo va a sucedernos, ponemos, sin darnos cuenta, todos nuestros esfuerzos para que ocurra. Por ejemplo, cuando un estudiante se repite una y otra vez que va a suspender un examen, disminuye su concentración mientras estudia y de esta forma resta eficacia a su capacidad. Además, este pensamiento, que es recurrente, le resta energía, se fatiga antes, y por eso estudia menos. Ante el examen, se mostrará inseguro, sus nervios aumentan e incluso puede llegar a pensar “me he quedado en blanco”. Como consecuencia el estudiante habrá conseguido cumplir su profecía: suspender. Y lo que es peor, reforzará su idea de que pensar negativo es ser realista, con lo cual en el futuro repetirá este mismo esquema de pensamiento, que le llevará una y otra vez al fracaso.

 Es evidente que no podemos controlar nuestros genes, ni la familia en la que hemos nacido, ni la cultura en la que crecemos, que contribuyen a crear el sistema de creencias con el que vivimos e interpretamos nuestras experiencias. Pero también es cierto que con motivación y algo de esfuerzo, todos podemos aprender a moldear nuestra manera de pensar con el fin de hacernos más resistentes a las circunstancias adversas que se cruzan en nuestro camino.

 Os dejo con una reflexión  de Albert Einstein que me gusta sobre este tema: “Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen los milagros, la otra es creer que todo es un milagro”